lunes, 24 de marzo de 2014

EXPERIENCIAS EDUCATIVAS: EL MARTINET

Reflexiones sobre la organización de los espacios, los tiempos y los materiales


Presentación de experiencias: El Martinet (Ripollet)

Montserrat Navarro (directora) y Lídia Esteban nos hablan de su escuela, que lleva 10 años en funcionamiento.


Sentía una gran curiosidad por saber más sobre la escuela El Martinet. Hace poco me estaba planteando asistir a sus jornadas pedagógicas Consonàncies y, aunque no fui finalmente (asistir a todas las jornadas y cursos supone mucho dinero y tiempo, así que tengo que elegir en muchas ocasiones y descartar propuestas muy tentadoras), me quedé con ganas de conocerlos.



Tienen un blog donde se pueden ver los proyectos que llevan a cabo, las formaciones que imparten, las fechas en que hacen puertas abiertas, también para educadores, etc.

Hablaron de una pedagogía que acompaña y de la importancia del equipo educativo. Del papel del adulto, que acompaña sin exigir unos resultados concretos. Del binomio Belleza-Bienestar, me acordé de Gianni Rodari y su Binomio Fantástico, sólo que en este caso las dos palabras parecen conectar a la perfección ya desde un principio, porqué la belleza para mí debe ir acompañada de naturalidad, de paz, y por supuesto proporcionar bienestar.

Explicaron que en El Martinet existen microcomunidades: P3, P4 y P5, que comparten espacios. Y nos mostraron imágenes de como es el día a día en la escuela, como los niños escogen libremente qué hacer en base a su propio interés, como establecen relaciones con sus compañeros, etc. Cómo era de esperar sus palabras se centraban en los niños y las niñas más que en los educadores.



Fue en otra jornada que alguien al mencionar al Martinet dijo “allí los niños no llevan zapatos” y pensé, vaya esa escuela me gusta. Es un pequeño detalle pero para mí es muy significativo, me transmite libertad.

Cuando en el turno de preguntas alguien preguntó si hacían el “Bon dia” por la mañana, respondieron que a cada niño se le acoge y se le da los buenos días cuando llega. No tiene mucho sentido sentarse una hora más tarde y cantar a modo de rutina la misma canción cada mañana. Son pequeños-grandes gestos que importan. 

En educación infantil la jornada se establece en base a unas rutinas, pero ésta precisamente no la acabo de ver: está tan ritualizada que consiste en sentarse en corro y cantar cada día las mismas canciones. Aprenden esas canciones y los gestos que las acompañan, pero la función verdadera, darse los buenos días, está tan descontextualizada que más bien es una manera de pasar lista y decir los nombres de cada uno. Los seres humanos no nos saludamos de forma ordenada, uno por uno, con la misma frase como autómatas cada día. Opino que la vida escolar debería regirse más por la naturalidad.

Para acabar quiero destacar que mencionaron a Rebeca y Mauricio Wild y su proyecto educativo llamado “El Pesta”, o mejor dicho: la Fundación Educativa Pestalozzi en Ecuador. Aquí más información.

Pestalozzi fue uno de mis pedagogos favoritos desde el principio de mi formación, cuando estudiaba el CFGS de Educación Infantil en el Ferran Tallada, quién me iba a decir que el destino me llevaría a la otra punta del mundo (un decir...) y que allí daría con profesionales que me hicieron esforzarme al máximo por conseguir ser una buena educadora, gracias Judith Puerta y Eva Jiménez

Los buenos profesores, son para mí los que me han tratado con respeto y han confiado en mí, los que más allá de la asignatura que enseñaban me han aportado valores, me han ayudado a crecer como persona, a estos profesores siempre los llevo conmigo. Por eso, cuando Lídia y Montserrat hablaron de "El Pesta", pensé en Judith y en la primera vez que vi un vídeo de esta escuela y creí que con entusiasmo cualquier cosa es posible. 


Seguro que algunas personas pensarán que no hay que dar tanta libertad a los niños; yo creo que aún no confiamos lo suficiente en ellos, en sus capacidades, en su poder de decisión y de adquirir responsabilidades. Yo apuesto por el contacto directo con la naturaleza, el juego como medio de aprendizaje y la escuela como un lugar donde ser feliz.

Lídia y Montserrat señalaron la necesidad de un ambiente preparado que sea relajado, libre de peligros activos, y puntualizaron que la sobreestimulación sería uno de ellos (¡no puedo estar más de acuerdo!).