martes, 4 de noviembre de 2014

NI UNA LÁGRIMA CONTENIDA

Acompañar el llanto infantil. Amor y respeto
Alfredo Hoyuelos
Revista In-fàn-ci-a, nº 199
Julio-agosto 2014
págs. 16-17

Cada mes, cuando cae en mis manos el nuevo número de la revista In-fàn-ci-a (revista de la asociación de maestros Rosa Sensat), es como recibir un regalo precioso, porque siempre encuentro entre sus páginas el hilo del que tirar para reflexionar sobre distintos aspectos relacionados con la Educación Infantil.

Hasta ahora siempre he leído la revista en la escuela, allí la hojeo y la tomo prestada para degustarla a solas, pero cuando la devuelvo me cuesta mucho desprenderme de ella, así que, por fin, me he suscrito para recibirla en casa. En realidad me he hecho socia de la asociación, que ya me tocaba, y he aprovechado para suscribirme a esta publicación en concreto.



Siempre encuentro un artículo que me interesa especialmente, que fotocopio y subrayo y guardo como un tesoro en mi archivador, para leerlo de vez en cuando y tenerlo presente. Muchas veces me hacen repensar la cotidianidad dentro de la escuela, sin querer a veces nos dejamos llevar por la costumbre, por lo que hace la mayoría... Es necesario detenerse a plantearse porque hacemos lo que hacemos, parece una obviedad y no lo es tanto.

Esto me sucedió con el artículo de Alfredo Hoyuelos, Acompañar el llanto infantil. Amor y respeto. Y no es porque sea de Hoyuelos, que mi entusiasmo y devoción hacia él se acrecientan cada vez que lo leo, sino porque al leerlo tuve la necesidad de compartirlo de inmediato. Pensé que contenía los instrumentos para respetar a los niños y las niñas en algo tan íntimo e importante como es el llanto, y que tengo la sensación de que es una asignatura pendiente para muchas personas, entre las que me incluyo.


"El llanto siempre tiene razones."



Del artículo me ha encantado la manera clara y precisa de abordar el tema. El autor contempla el llanto como uno de los cien lenguajes, punto que comparto por completo: porque es sabido que el llanto es una forma de comunicación, sobretodo en edades en las que los niños y niñas aún no poseen el lenguaje suficiente para expresar sus necesidades, pensamientos o demandas, suele ser la principal vía de comunicación.


"Ni una lágrima ha de quedar contenida o pendiente"

Y sabiendo esto parece una incoherencia que los adultos muchas veces tratemos de acallar el llanto, con distracciones, con frases que seguro que si nos parásemos por un momento a escucharnos, o nos pudiésemos ver en una grabación, no repetiríamos nunca más. 

Cuando les digo a las familias que antes de irse se despidan del niño/a, a veces les cuesta este trance porque piensan que va a llorar; si no llora respiran aliviados y premian esa conducta, y si lo hace, bien bien no saben como actuar. Hay quien decide quedarse un rato más, hecho que no suele apaciguar sino incrementar la intensidad del llanto al irse un poco más tarde, hay quien se va preocupado, triste... Y quien intentando consolarlo le dice que va a volver mucho antes de lo que será en realidad, o le pide que no llore, o busca algo para que se entretenga...

Quizás esa falta de naturalidad con la que abordar el llanto sea a su vez un potenciador de éste, al transmitir inseguridad o duda el mensaje que recibe el niño/a es "no estoy seguro de dejarte en este lugar/ con esta persona".

Cuesta aceptar que en ese momento tiene la necesidad de llorar y que debe confiar en que el/la maestro/a acompañará ese llanto de manera respetuosa, es decir, dejando que sea el niño o la niña quién decida cuando cesar.

Cuando un niño llora me da la impresión de que el adulto necesita actuar, aún cuesta comprender que sentarse a su lado en silencio sea una muy buena manera de estar disponible y acompañar. Es un trabajo conjunto de todos los adultos implicados, no ayuda mucho que cada persona al ver a "ese niño que llora" pregunte qué le pasa, lo coja o intervenga de algún modo; está siendo acompañado por su referente y será el niño quién decida el modo (como bien dice el artículo no todos los niños desean ser abrazados).

De hecho, intervenir con la intención de que cese el llanto, puede cortarlo momentáneamente, pero para mí es una falta de consideración grave hacia el niño o la niña. Pocas veces nos ponemos en su lugar y pensamos como nos sentiríamos nosotros si no nos dejasen expresar nuestra pena o nuestro enfado, si nos tapasen la boca para que no pudiésemos hablar o gritar o llorar...

Es un artículo que no tiene desperdicio y que recomiendo encarecidamente. A demás, ¡me encantaría saber qué opináis sobre este tema!