domingo, 19 de abril de 2015

QUÉ DIFÍCIL ENTENDERME

Si en mi anterior entrada os contaba como poco a poco iba aceptando el cambio, debo confesar que he sufrido un notable retroceso.

Esto es algo que me resulta difícil de explicar, pero que es como lo siento. Tampoco puedo sentirme culpable por no querer llevar la etiqueta de embarazada, por no estar preparada para ingresar en ese club...

No quiero hablar de barrigas ni de bebés, ni quiero hacer planes que a la mayoría noto que les entusiasman, aunque a veces trato de hacerlo para sentirme un poco más normal. No quiero adoptar poses de embarazada y usar ropa que marque lo evidente, ni tocarme la barriga como si le fuera a sacar brillo o como si necesitara ser sujetada...

Quizá porque no me molesta, ni siento que mi cuerpo haya cambiado tanto: puedo sentarme igual que hace cinco meses y si estoy de pie mis manos siguen comportándose igual que antes, no existe aún ese imán que las conduzca a la barriga.

Aún no, estoy de 20 semanas, que ni siquiera sé si se corresponde con 5 meses (esto de que no cuadren semanas y meses a mí me lía) y me siento muy al principio o me niego a ir más deprisa porque veo que se tiende a correr y no me apetece hacerlo. Y claro que respeto a quien lo hace, incluso entra dentro de lo esperado, pero no va conmigo. No puedo ponerle nombre aún porque es pronto para mí y también para Miguel, coincidimos en esta filosofía de ir poco a poco, de no precipitarnos e incluso quedarnos cortos.

Ahora que nos queda poco para saber el sexo, tengo incluso dudas en si quiero saberlo, como si por ello ya debiéramos elegir un nombre aún sabiendo que no es necesario, que por muy pronto que nazca, nos queda mucho mucho tiempo...

Tal vez no me ayude estar rodeada de embarazadas, tal vez esta situación esté haciendo que quiera tomar distancia con mi propio estado, como una necesidad de salir de ese grupo al que no quiero pertenecer de momento y me obligan a estar en él. Todas las futuras mamás que lean esto me odiarán, yo tampoco acabo de entender porqué me sucede, solo sé que si soy sincera conmigo misma, y lo quiero y lo necesito ser, es así.

Hay quien me pregunta si estoy bien cada día, sin ser consciente de lo mal que llevo este tipo de preguntas... Soy muy difícil de tratar.

No me encuentro mal, ni estoy tan avanzada como para no poder llevar una vida normal y corriente como hasta ahora. Creo que mi cuerpo y mi mente se han aliado eliminando todo síntoma típico de embarazo: ni vómitos, ni acidez, ni problemas con ningún alimento, ni con olores. No me siento hinchada, ni tengo molestias en la barriga, aún no noto nada.

Al final aquí es el único lugar donde me he sentido cómoda para desahogarme y expresar libremente este cóctel de sensaciones y sentimientos, este amor-odio. Es como si lo gritara y así pesara menos.



Aún así estoy genial, solo que quiero tener conversaciones normales y que me traten como siempre. Sigo siendo la misma, ni mejor ni peor, clavadita a hace cinco meses.