jueves, 21 de enero de 2016

SI TU LEES ELLOS LEEN

¡Buenos días y feliz jueves!

Ayer volví a ir a la biblioteca con Juno, la primera vez que quise ir pensé en si se podía entrar con un bebé, tal vez sea una tontería, pero yo hasta ahora nunca me había planteado a que sitios se puede ir o no con un niño pequeño... Al final me decidí y la llevé en brazos, me enrollé el pañuelo de porteo con ella hecha una bolita dentro, y hacia allí fuimos. Después, valoré que para ella era más cómodo ir en el cochecito, porque así puede dormir y moverse libremente, mientras yo rebusco y ojeo por las estanterías. Ese día fui por la mañana, sabía que iba a estar prácticamente desierta, y nos fue muy bien: Juno parloteó, pero no tuve la sensación de molestar a nadie, tuvo sueño y durmió, tuvo hambre y me senté en una de las cómodas butacas a darle el pecho. 

La primera vez que das el pecho en público es raro, o para mí lo fue, después lo ves la cosa más natural del mundo. Si haces una vida más o menos normal, y das pecho a demanda, es imposible que te coincida siempre que tenga hambre en casa... ¿Y el estrés que supone estar pendiente de ello? ¡Nada, nada, donde toque!

Cada vez vamos con más frecuencia a la biblioteca, así cojo un montón de cuentos infantiles (voy seleccionando títulos que me gustan para la biblioteca personal de Juno), y algunos libros para mí, que quiero ojear con calma. Me los traigo a casa, los miro tranquilamente, y cuando acabo, a por más.

Ayer, estuve un buen rato a mis anchas en la sección infantil, hasta que acabaron las clases y empezaron a llegar niños y niñas acompañados, en su gran mayoría por mujeres, que parecían ser las madres, y algunos pre-adolescentes. Las mujeres hablaban más alto que los niños, sobretodo preguntaban qué tal esto o aquello. Pasaban los minutos y cada vez el espacio infantil estaba más concurrido, varios cochecitos (¡bien, no soy la única!), y no precisamente arrinconados intentando no barrar el paso... Yo buscaba libros de arte, aunque no me gusta como la mayoría de editoriales lo enfocan cuando se trata de dirigirse al público infantil, y encontré unos cuantos. Tomé nota, por si los encuentro de segundo mano, pues son libros bastante caros.

En busca de ARTE (2005). Ediciones SERRES
¡Mira qué artista! Matisse. COMBEL


En todo ese tiempo, me llamó la atención la actitud de los adultos que acompañaban a sus hijos e hijas: visiblemente aburridos, sentados en sillas demasiado pequeñas y con un decaimiento anímico y corporal evidente. Me sorprendió que no ojeasen los libros que sus hijos iban cogiendo, o que no buscasen ellos mismos otras alternativas... Pero, sobretodo, me chocó que nadie leyera un libro, sin más, aprovechando estar en el lugar perfecto. 

De todos los adultos que había en la sección infantil, tomo como referencia ese día, aunque ya llevo unas cuantas tardes, ninguno tenía un libro en las manos, ninguno leía. 
"La observación es el medio más importante en el proceso de aprendizaje y de transmisión de valores y patrones de comportamientos y de pensamiento" 
(Bandura, 1977).
Y recuperando el famoso spot del plan para el fomento de la lectura: "Si tu lees, ellos leen" ¿os acordáis?


Como os decía, esperaban a que sus hijos hiciesen los deberes (¡malditos deberes!), y algún niño, más pequeño, que miraba cuentos por placer.

Estas impresiones hacen pensar que los adultos no siempre damos un buen ejemplo, ¡con lo que nos imitan los niños para los que somos referentes! Y, ¡ojo!, la gran responsabilidad que eso conlleva... Pero iba de camino hacia casa, y son unos veinte minutos de paseo, y me di cuenta de que había caído en aquello que tanto detesto: el prejuicio.

Prejuicio: opinión preconcebida, generalmente negativa, hacia algo o alguien.

Porque, a ver, allí había en su graaaan mayoría madres (vi a un solo hombre, y vino después a acompañar a su pareja), y si algo he aprendido de la clases post-parto, es de que entre las madres nos tenemos que apoyar, que cada una lo vive como puede... Y yo no sé nada de sus circunstancias personales: no sé si van a la biblioteca porque en su casa no pueden poner la calefacción y hace frío, no sé si viven en un piso compartido con otras familias y no hay espacio para hacer los deberes, no sé si parecían cansadas, enfadadas o distantes por algún problema personal, por un trabajo agotador, etc. Lo que si sé, es que allí solo vi una madre disfrutar de una tarde en compañía de su hija, la que miraba con ella los cuentos, y las demás, parecían desear estar en cualquier otro lugar antes que allí.