sábado, 9 de abril de 2016

BÉSAME MUCHO Y NO ME HAGAS LLORAR

Hace días que no encuentro el momento para sentarme a escribir, la Semana Santa ha trastocado mis horarios y desde entonces que no consigo madrugar, lo que conlleva que me den las tantas con los ojos como platos. Poco a poco iré cogiendo el ritmo, aunque si me rijo por Juno, que es de despertarse tarde, no lo lograré ;)

No os expliqué que en mi maleta para las minivacaciones incluí el libro de Carlos González Bésame mucho, hoy os quiero hablar un poco de él. Me lo recomendó mi prima Paola, ella había leído algún artículo sobre este pediatra y su manera de ver la infancia y le había parecido muy afín a su mirada, entonces leyó este superventas y le encantó. A mí, no sé porqué rara rebeldía, no me gustan los libros a los que se les da tanto bombo, pero pensé que estaría bien como lectura ligera para esos ratos muertos en la casa del pueblo. Lo devoré.

Aunque en algunas cosas pueda llegar a discrepar con él, en lo fundamental coincido del todo:

La importancia del contacto, el cariño, las caricias, los besos
Fuera miedos absurdos: que se acostumbre a... que me tome el pelo...
Basta de dejar llorar a los niños
Basta de pensar que hacen cosas para fastidiar, etc.

Paola está haciendo su TFG sobre el sueño infantil y, ojeando libros que abordan este tema, pronto nos dimos cuenta de que abunda la profusión del Método Estivill, que a su vez se basa en el Método Ferber. He estado leyendo argumentos en defensa de esta manera de hacer y la verdad es que me ha desmoralizado, mientras leía pensaba ni que me obliguen le hago esto a mi hija... Y que lo diga alguien en calidad de pediatra me asusta aún más, porqué habrán padres y madres que piensen aquello de: "si lo dice un médico...". Desde luego se aleja mucho de lo que entiendo yo por sentir amor hacia un niño, a los médicos esto no se les exige, pero de los cuidadores es de esperar.

Las pautas para llevar a cabo este método son, cuanto menos, rígidas. Niega el placer de dormir con tu hijo, ¡aixxxs no sabe lo que se pierde! Yo es que soy procolecho, prosiestasjuntitas, proachuchones... Hasta los 3 meses se les tiene en la habitación con los padres (qué lujazo), a partir de entonces aconsejan trasladarlo a su habitación. ¡A los tres meses! Me ha dejado perpleja, sin palabras. En fin, convierte una parte muy importante de la vida en común con un hijo en algo mecánico y desnudo de emociones. 


En la escuela infantil (0-3 años) las tutoras tenemos reunión a la una, entonces salimos del aula y se queda la educadora de soporte con los niños en el rato de dormir; siempre intento irme una vez ya se han dormido todos los niños, porque para mí es un momento íntimo y especial que no me quiero perder. Y este señor, que encima es pediatra, les aconseja a los padres que: leer un cuento sí, usar cada vez las mismas palabras (¿qué persona sana hace eso, a parte de Sheldon de The Big Bang Theory??), nada de juegos, no cantarle, no mecerlo, no acariciarlo, no ponerlo en nuestra cama... ¡Venga ya!, ¿qué son, pautas para evitar establecer vínculos afectivos? 

Parece que tener un hijo sea un problema que altera nuestra vida: ¡pues claro que la altera! Y debe ser así. La altera tener un perro o un gato!! Y se basa en algo preocupante: que si un niño llora es porque tiene hambre, frío o calor o el pañal mojado, una vez descartados estos puntos, si llora que llore. Sé que a la educación emocional no se la ha tenido muy en cuenta jamás, pero como seres humanos somos empáticos, intuitivos, instintivos... Creo que podemos entender que un niño, que se comunica a través del llanto porque carece de otras herramientas, nos está diciendo muchas más cosas con él, que no entiende que cuando le dejas solo en su habitación y te vas, sigues ahí, para él desapareces, y que gestionar el abandono no es fácil ni para un adulto...

Lo que más me alarmó es que el manual del Ciclo Formativo de Grado Superior de Educación Infantil que teníamos en las manos se basaba en Estivill como referente.


Una amiga me comentaba que otra amiga suya había tenido un bebé hacía un par de meses y usaba el método de dejar llorar a la niña, me lo contaba angustiada porque la madre al referirse a su hija destacaba lo llorona que es, hasta el punto de que en las fotos salía siempre con la cara enrojecida e hinchada de tanto llorar. Su amiga lo veía lo más normal del mundo, incluso explicaba con cierto orgullo que ella era un poco severa y así evitaba que le tomase el pelo (¡y dale con lo de tomar el pelo!) y que si la niña lloraba ella no podía estar todo el día por ella.

Cuando me lo contó pensé en qué pena de niña que tenga que prescindir del cariño de su madre por esta obsesión por querer que los bebés sean y hagan lo que a los adultos nos conviene. De hecho, llevaba a cabo el método con cierta rabia hacia la niña por ser tan llorona, sin ver que le estaba pidiendo a gritos su abrazo, su contacto. También pensé en cómo estas creencias afectan a las relaciones familiares, cómo en vez de fortalecer lazos y favorecer la unión con quienes queremos, nos alejamos y ponemos trabas absurdas... Por último, le diría a esta madre, a la que tanto parece estorbarle su hija, que si está todo el día en casa es gracias a la baja maternal.

La vida ya es difícil de por sí, ¿porqué nos la complicamos más? ¡Escatimemos en insultos, muestras de agresividad, malas caras y abusemos de los besos, las caricias y los abrazos!