martes, 19 de abril de 2016

EL TIEMPO Y ESAS COSAS...

Siguiendo la terminología de Bertman, Elzbieta Tarkowska, una <<cronosocióloga>> bastante conocida, explica el concepto de los <<humanos sincrónicos>>, que <<viven solo en el presente>> y que <<no hacen caso de la experiencia pasada y de las consecuencias futuras de sus actos>>, una estrategia que <<ocasiona una falta de lazos con los otros>>. La <<cultura del presente>> (presentist culture) <<da mucha importancia a la rapidez y la eficacia, y en cambio, desdeña la paciencia y la perseverancia>>.
(Zygmunt Bauman, Los retos de la educación en la modernidad líquida)

Tengo anotada esta frase en una de las libretas que uso para recordar (cosas importantes). La primera vez que oí el término sociedad líquida fue en la universidad, o tal vez fue la primera vez que al oír esta expresión significó algo para mí. Me asusta pensar en ello, me produce vértigo la velocidad.

-¿Lo vendiste? ¿Por qué? ¿Me preguntaste si quería que se vendiese? Yo estoy muy encariñado con ese sombrero.-Lo siento, Ignatius. No sabía que te gustara tanto. Nunca me lo dijiste.-Tenía con él una relación muda. Era como un nexo con mi niñez, un lazo con el pasado.-Pero me dio quince dólares, Ignatius.-Por favor. No hablemos más del asunto. Todo eso es sacrílego. Sabe Dios qué usos degenerados le dará a ese sombrero. ¿Tienes los quince dólares encima?-Aún me quedan siete.-¿Entonces por qué no paramos y comemos algo? -Ignatius señaló al carrito de la esquina. Tenía forma de salchicha con ruedas.
(La conjura de los necios p.36 )

Esta semana fui a la biblioteca con Juno, cada vez que voy me llevo un par de libros que no creo que vuelva a sentir ganas de releer y los deposito en la zona de "intercambio". Fuimos de las primeras en entrar, salvo el personal de la biblio, un señor que parecía de atrezzo leyendo el periódico en la salita del principio, y dos mesas de estudiantes con algún trabajo entre manos, no había nadie más. Recuerdo la primera vez que entré con Juno, la llevaba con el pañuelo y tenía miedo de que se pusiera a llorar rompiendo esa cúpula silenciosa que parecía encapsular el sitio; recuerdo también que busqué una butaca bien resguardada para darle el pecho, el sigilo de mis movimientos, la sensación de primera vez.

Esta vez entré con el cochecito, ya sin pensar si se podía o no, y me recorrí todos los expositores, es una manía mía, y ojeé entre los libros propuestos y luego seguí ese ritual de dejarme llevar y buscar un libro que me llamase al atención: fue entonces que me topé con La conjura de los necios. Era la primera vez que lo palpaba, que lo olía y lo ojeaba; tiene un título fabuloso y es de aquellas obras de las que has oído hablar tanto que leerla se convierte en una necesidad. Tengo varias en "lista de espera", de esas que cuando caen en tus manos entiendes el porqué de la etiqueta "imprescindible".

Ese día, podía escoger cualquier lugar donde sentarme a leer, pero me gustaron las butaquitas alrededor de una mesa, en el centro de la sala principal, allí empecé a devorar esta maravilla, Juno merendó y después de un rato nos fuimos a pasear. Entonces me di cuenta de como he cambiado en muchos aspectos en relación a la maternidad, como el pequeño recorrido que hemos ido haciendo ya me permite ver con distancia los primeros pasos.

No sé cuando el ordenador se convirtió en uno de mis lugares favoritos para escribir. Me gusta porque tras la pantalla mi mirada a menudo se escapa por la gran ventana que lo custodia, no son unas vistas bellas ni inspiradoras lo que recoge este rectángulo cotilla, es una calle cualquiera, con sus vecinos que se saludan en la puerta, que comparten confidencias, que gritan a los niños que corren a lo lejos, que arrastran cosas, que ríen, porque llorar lo harán en casa... y sus coches que circulan, aparcan, esperan al ritmo de reggaetón, se impacientan y pitan, cierran dando un portazo, se alejan con su ruido de motor...

De madrugada me encanta esta ventana y sus sonidos distintos, su aparente calma, su silencio a veces interrumpido por unos pasos que recorren la calle y van dejando un eco metálico tras ellos. La madrugada y el verano son mi combinación preferida (para disfrutarla a solas).


Vivir pasa rápido: vas tirando, vas cumpliendo, vas superando, va transcurriendo... Deseas que llegue ese día especial que parece lejísimos y de pronto llega, deseas que se acabe el invierno y cuando te das cuenta has dejado de ponerte medias. 

Hoy quería hablar de alimentación infantil, de una escuela fabulosa que visité, de cuerpos y otras historias, pero me salió esto. Perdón por el desorden.