miércoles, 22 de marzo de 2017

SER HIJA Y SER MADRE

Es puro fetichismo lo que siento con el papel, y la revista Viure en família (Vivir en familia) me tiene ganada, será el papel... Son sus portadas que me recuerdan a esas imágenes capturadas por padres con gracia en plasmar lo cotidiano y compartidas en Instagram, es su textura, su olor a tinta de publicación recién salida de imprenta, su estética cuidada... todo. Cada mes la secuestro de la escuela unos cuantos días para leerla con calma en casa, después la devuelvo y la hojeo y releo otras tantas veces, hasta sacarle casi todo el jugo.

En el número de marzo he encontrado una pequeña joya, se trata de un artículo en el que su autora, Núria Alsina, habla sobre su maternidad de un modo muy sincero, lo titula el viaje de la maternidad.

Núria Alsina Punsola es madre, doula y maestra.
Creadora de MIMA'M: espcio de crianza respetuosa.

A partir de este artículo, en el que la autora expone como la maternidad ha removido en su interior sentimientos y fantasmas del pasado, y ha abierto cicatrices aparentemente curadas, yo me pregunto hasta qué punto mi yo hija ha influido en mi yo madre. No lo sé. Merecería un análisis más profundo por mi parte, más propio de la pedagogía sistémica o del psicoanálisis, fuera de mi alcance por lo tanto, no voy a indagar tan a fondo en este momento. 

Pienso, que muchos de los obstáculos emocionales con los que nos tropezamos en vivencias tan intensas como es la maternidad, tienen su origen en nuestro pasado, en nuestra niñez, por eso recomiendo la lectura de este artículo que va de lleno a poner el dedo en su propia llaga.



Mi "yo-hija"
De mi yo hija soy una gran ignorante, y me refiero, claro, a mi rol como hija-niña, no tengo a penas presentes escenas de mi infancia, incluso me cuesta pensar en el primer recuerdo de mi niñez, todos los que soy capaz de rememorar me parecen que no son demasiado antiguos.

No fui una niña segura de sí misma, esa tendencia a la baja autoestima marca de algún modo, pero desconozco el origen de mis inseguridades, si es que merece la pena pensar en ello ahora. Aún así, creo que ese fuerte carácter que se iba cociendo en mis entrañas ha sido capaz de contrarrestar estos atisbos de retraimiento, aunque también me ha hecho pasar malos ratos. Mi peor enemigo siempre he sido yo misma, en todos los aspectos, también en las relaciones más cercanas

Una vez saqué un dos en matemáticas, seria en 7º u 8º de EGB, y el profesor lanzó el examen sobre mi mesa cabreado y me soltó "es que si no te lo crees, si no crees en ti misma no lo vas a sacar"; me lo aplico a las matemáticas y a la vida. En cuanto a las matemáticas, fue mi gran lastre durante los dos primeros cursos de instituto, hasta que un día supongo que me lo creí, que pensé que yo era capaz de entender aquello y se abrió ante mí como lo más simple y claro del mundo.



Ser hija no es nada fácil, es un papel en el que te viene todo dado, en el que en principio tienes poco margen de maniobra: eres como eres porque te pareces a..., y se lo debes todo a..., durante años (tantos que parece una eternidad) dependes de... para ir o venir, para poseer la mayoría de cosas, ¡incluso para opinar! Has firmado un acuerdo vinculante en el que nadie te ha preguntado si estabas de acuerdo.

Con los años el papel de hija va cambiando, madura, se va definiendo. Cada vez la sensación de control es mayor. Hasta que al fin, como hija y a la vez madre, ocupas un nuevo lugar en este entresijo de relaciones, en mi caso muy matriarcal, muy de "nosotras". Todos los papeles se reajustan ante la nueva incorporación, que ocupa un papel central en el entramado.

Mi "yo-madre"
Ser madre es muy distinto y para mí infinitamente más fácil, y no por su falta de dificultad, en absoluto, porque la responsabilidad es máxima, pero noto que surge naturalmente y que sí está en mi mano. Para mí, ser madre ha resultado ser mucho más instintivo, lo estoy viviendo como una experiencia en la realmente me siento libre de ser como quiero ser.

Seguramente por el momento vital en el que ha tenido lugar; si como hija he sufrido en paralelo todo el proceso de construcción de mi identidad, de adulta ya tenía mucha faena hecha, podría decirse que ya estaba "construida".

Y no olvido que, durante prácticamente todo el embarazo, padecí una alergia a vivir esa maternidad edulcorada y cargada de tópicos que me acechaba, a la vez que sentía que ofendía a quienes deseaban esa vivencia que a mí me provocaba sarpullidos en la piel solo de pensarlo. Y sucumbí en hacerme la foto de rigor en los distintos meses de gestación, aunque me salté muchos, pero poco más. Si algo agradecí es que mi entorno respetó mis decisiones.

Con Juno, con mi modo de ser madre, siento que me estoy redescubriendo, que no me estoy dejando guiar ni por lo vivido, ni por lo visto, ni por lo impuesto. Es de las cosas más mías, no mi hija, sino la manera de quererla, de tratarla, de "ser" junto a ella.


Si como hija he transitado por mil etapas distintas, y a menudo he sido escurridiza y distante, como madre soy cien por cien constante, consciente y presente. Lo puedo hacer mejor o peor, pero la implicación es total, en este momento lo que más deseo es ser la madre de Juno y es de todas mis facetas con la que más a gusto me siento. No dejo pasar las oportunidades que el día a día me brinda para demostrarle lo infinito que la quiero, lo que me importa su bienestar, escucharla, respetarla, acompañarla. Trato de no suplir con ella mis carencias, ni de transmitirle mis miedos, ni de cortar sus alas, ni de alcanzar mis sueños a través de su persona, pero a la vez no me guardo los besos, ni las caricias, ni las muestras de afecto.

Sé que he tocado este tema de puntillas, no he rascado mucho más allá porque considero que no necesito rebuscar más, lo que importa es que soy feliz con mi maternidad, y espero ser suficientemente empática para facilitar y comprender el "ser hija" de Juno.